Participación en el "Taller el Andén
Taller el Andén 2020- Clase N° 1
Compañera de locuras (Prosa)
La mandolina que me acompaña,
tiene kilómetros recorridos. Cruzó océanos, ríos y ciudades, para estar hoy, vibrando
junto a mí, en esta ladera de la montaña, que pareciera que nos abrazara como
gesto de bienvenida.
Apapachada por alfombras verdes y
acariciada por una cálida brisa, mi alma se eleva junto a las notas de mi
ukelina, (nombre cariñoso con que la llamo porque tiene cuerdas de ukelele y
forma de mandolina) Ella me representa en todo, hasta en esta rebeldía.
Cuando comencé a construirla,
nunca pensé que pudiera terminarla y menos que pudiera arrancarle algún sonido.
Y hoy, ella es el fiel testimonio de mi locura y de mi tozudez para la
aventura.
Desde que cobró vida, no nos
separamos. No solo aprendí a tocarla y a arrancar de mi interior notas y letras
para fusionarlas en una danza ritual que aplaca mi ser y lo transforma en paz y
armonía; sino que aprendí con ella la simpleza de la vida en una nota, o mejor
dicho en varias, sabiendo que la elección acertada de cada una de ellas, puede lograr una maravillosa
sinfonía.
Está cayendo la tarde y los rayos amarillos maíz de este sol, comienzan un seductor
juego de escondidas que van cambiando los colores de los pocos arbustos que nos
rodean. Es hora de una despedida. Los últimos acordes quedan en la inmensidad
de este paisaje.
¡Qué maravilloso “estar”! En un lugar que me abraza y en un momento que
me funde a algo superior, fuera y dentro, de mi propio ser.
Sonia Fabiola
Demitrópulos
14-4-2020 - Cosquín – Cba- Argentina
Elemento: Mandolina – Lugar: Montaña – Clima: Cálido –
Colores: Verde y amarillo maíz
En suspenso (Verso)
Corre apacible junto al rio
mi espíritu inquieto,
en este templado otoño
en que el sol disminuye sus fuerzas.
Ocres colores se conjugan
con sueños tardíos y quimeras.
Melodías de agua y hojas secas
envuelven el alma y expulsan penas.
En la calidez de las tardes serranas
quedan en suspenso temores
y cautivos los miedos
en el silencio de musgos y piedras frescas.
Sonia
Fabiola Demitrópulos
14-4-2020 - Cosquín – Cba- Argentina
Elementos: espíritu – Lugar: rio – Clima: templado –
Colores: ocre
En suspenso (versión 2)
Corre apacible junto al rio mi espíritu
inquieto
en este templado otoño en que el sol
disminuye sus fuerzas.
Ocres colores se conjugan
con sueños tardíos y quimeras.
Melodías de agua y hojas secas
envuelven el alma y expulsan penas.
En la calidez de las tardes serranas quedan
en suspenso temores
y los miedos se pierden
en el silencio de musgos cautivos y piedras frescas.
Aquí la palabra cautivo pasa a acompañar a los musgos y no a los miedos .
En suspenso (versión 3)
Corre apacible junto al rio mi espíritu
inquieto,
en este templado otoño en que el sol,
disminuye sus fuerzas.
Ocres colores se conjugan
con sueños tardíos y quimeras.
Melodías de agua y hojas secas
envuelven el alma y expulsan penas.
Y es en la calidez de las tardes serranas
que quedan en suspenso temores, los miedos
se pierden en el silencio de musgos y
piedras frescas.
En suspenso (versión 4)
Corre apacible junto al rio mi espíritu
inquieto,
en este templado otoño en que el sol
disminuye sus fuerzas.
Ocres colores se conjugan con sueños tardíos
y quimeras.
Melodías de agua y hojas secas envuelven el
alma y expulsan penas.
En la calidez de las tardes serranas quedan
en suspenso temores
y los miedos se pierden en el silencio de musgos cautivos y piedras frescas.
Taller el Andén 2020- Clase N° 2
Memorias
Hoy volteo la vista buscando memorias
Que den
cuenta del paso de los afectos ausentes
Y solo
veo paredes … desnudas de ellas.
Solo veo
fotos dormidas … en cajas paquetas
Que pasó
con la memoria que dejaron sus huellas?
Son solo
recuerdos que van deshilachándose en el tiempo?
No hubo
… ni hay rituales para lograr permanencia
La prisa
, la rutina , la cotidianeidad olvidaron tejerlos
Por allí
una carpeta de crochet en la mesa
Por allá un cubrecama gritan en agónicos susurros
¿te
acordás de la bisabuela?
No
quiero esto para mi memoria.
Me
ocuparé de dejar mis huellas para que me recuerden
Que la
casa grite … ¡Aquí estuvo ella!
Que se
recreen mis pasos … testimonio de mi espíritu aventurero
En
libros dejo poemas hilvanados en noches frescas
En
pagina virtuales mi legado para que
puedan leerlos
En
instrumentos mis hazañas de lutier
Enmarcados mis pininos en los lienzos.
Que los
que quedan digan esta también era ella,
En el
tiempo que resta será mi tarea
rescatar
de frágiles y dispersos recuerdos
las memorias
de aquellos que me antecedieron
las ricas
vivencias de nuestros ancestros
para que
no se pierdan en el olvido
y queden
visibles las ramas del árbol al que
pertenecemos
Sonia Fabiola Demitrópulos
Memorias de una
casa treintañera
El silencio de estos días deja fluir mis
recuerdos y me traslada a otras épocas donde lo natural primaba. Época en la
cual, no pasaba todavía esta ruta que hoy esta desierta, sin autos, sin gente.
Silenciosa.
¡Tengo sentimientos encontrados! Es un
recuperar en este silencio la melodía de pájaros y rio que musicalizan los días
con algún tero que se suma regresando a la zona que hoy no ofrece peligro; es
un recuperar el aire puro, los colores y la vida tranquila. Pero también es ser
testigo de la desolación que esta época de pandemia obligó al hombre a estar
encerrado, a desaparecer de la escena.
Hoy el ambiente se tornó nostálgico y tengo
deseos de contar mi historia.
Llegue a este lugar hace casi 30 años arriba de
un camión, dividida en grandes paneles de cemento. Una gigantesca pluma me fue
armando y dándome forma de una coqueta casa. Llegue gracias a la ilusión de un
matrimonio que encontró en este lugar el paraíso para sus fines de semana,
escapando de la vida agitada de la ciudad.
Pero no todo fue maravillas, tuve mi bautismo
de agua un 6 de enero de 1992, cuando el rio se desbordó y la inundación casi
me tapa, dejando en la superficie solo unos centímetros debajo del techo. Ese día sentí que una masa de agua chocaba mis
paredes y un mar de lodo ingresaba a mi interior. Las piedras y troncos
golpeaban sin cesar. Pensé que no resistiría, pero al fin logré permanecer de pie.
Por suerte en esa oportunidad no había habitantes en la casa. Esto fue cuando
el aluvión de San Carlos Minas hizo sus estragos.
Mis dueños me recuperaron, reforzaron mis
ventanas y soldaron hierros para colocar unas compuertas que impidieran el ingreso
del agua, por si esto amenazara con repetirse. Poco a poco volví a mis olores y
la humedad desapareció. Cada vez que llovía temía que volviera a repetirse,
pero pasaron los años y nada ocurrió.
Con el tiempo los fines de semana de visita de
mis dueños se fueron espaciando y quedé sola por mucho tiempo. Si bien me
recreaba en el paisaje maravilloso, rodeada de verde, de sierras, de vacas que
pastan a mi alrededor la soledad en la que me encontraba, ya que no había otras
casas, era una tentación para cualquiera. Y así, un día sentí un golpe que me
despabiló e hizo vibrar mis paredes. Alguien me hizo un boquete para poder
ingresar. A partir de allí conocí el horror. Entraron varios hombres, me
despojaron de muebles y artefactos. Se instalaron con una mujer y varios niños.
Vivian en colchones en el piso. Comenzaron a hacer fuego adentro y mis paredes
se cubrieron de humo y hollín. La tierra fue cubriendo los pisos y haciendo
capas. La mugre fue ganando terreno. Eran unos bárbaros que, me arrancaron todo
por unos pesos y agujerearon mis paredes. Con la esperanza de ser rescatada,
día a día resistía estoicamente todos los abusos y mi decadencia.
Mis ruegos fueron escuchados. Un día llegó una
familia con la posibilidad de comprarme y comenzaron a ponerme en forma. Les
llevó tiempo. Lavaron mis paredes con ácido, cloro, y todo producto que me
sacara el hollín, el olor, el color. Y luego de un tratamiento intensivo de
pintura y otros menesteres me dejaron en condiciones.
Me fascinaba la alegría con la que hacían las
tareas. Cada mejora representaba una conquista. Sueños y planes se tejían entre
risas y cantos que acompañaban las actividades.
Al fin llegó el día en que fui habitada. Lucía
preciosa con mis paredes blancas y ventanas de color verde militar. ¡Estaba reluciente
y expectante!
Con azulejos nuevos y vidrios en las ventanas
fui recibiendo los muebles y las muchas, pero muchas plantas que trajeron y
dejaron adentro y afuera. Recuerdo con ternura a mi dueña picando ladrillos
para hacer el camino de ingreso a la casa.
Dalias,
lirios, crisantemos, lavanda, crocosmia, menta, ruda, yuscas y flores de cardos
daban colorido al jardín. Había mucho amor puesto aquí.
Y así me llené de olores de hogar, de afecto
materno representado en el aroma de cascaras de naranjas quemadas, de tostadas
y ricas comidas en el calor de la salamandra.
Y me llené de música y cantos, De vida y alegría.
Pero otra vez, no todo fue maravillas, en
noviembre del año 1999 nos inundamos nuevamente. Por suerte no fue tan grande
como la anterior, pero nos tomó de sorpresa y se dañaron muchas cosas con el
barro que entró. Aunque yo volví a resistir de pie.
Las crecientes del Río Cosquín, que mis nuevos
dueños observaban románticamente desde las ventanas, perdieron ese romanticismo
por algún tiempo. Considerando que estoy a 50 mts del río, el temor se hacía
presente en cada lluvia.
A pesar de todo, volvieron a recuperarme. Con
el tiempo el patio volvió a tener color y la casa la armonía que me caracterizaba.
Con tres dormitorios, una cocina comedor
inmensa y un recibidor luminoso y grande, podemos recibir cómodamente a los
visitantes que año a año llegan. Se convirtió este punto en un lugar de reunión
familiar. En invierno y verano resuenan entre mis paredes las risas y la
algarabía de estos encuentros.
Vi
crecer un niño alegre, inquieto, que disfrutaba del patio, de los juegos, del
rio y luego se encerraba en su pieza con libros de distintos tamaños en mundos
de fantasías.
Cobije la esencia de la abuela que me dio todo
el amor en cada detalle, abría mis ventanas para ventilar el aire, calentaba el
ambiente con las estufas de leñas, llenaba de olores ricos y perfumados las
habitaciones. Llenaba de flores los jardines que cuidaba con esmero.
Y contuve a una madre que encontraba en mi
interior un refugio, un nido al cual regresar todos los días después del
trabajo, Pude contenerla ante sus pérdidas y momentos difíciles.
Vi llegar el progreso, la ruta, los vecinos. Pasé
de valer pocos a pesos a revalorizarme con los avances. Volví a soportar dos
inundaciones más (2014 y 2015) en la que el agua y el lodo entró unos 60 cm. Ahora tengo un muro alrededor, espero que no
volver a inundarme.
Todos los años mi dueña me pinta y me mantiene
con cariño y yo le devuelvo contención y protección. Ya llevamos alrededor de
20 años desde el día que con ilusión me eligió.
Desde hace unos años quedamos solas y aprendimos
a ensamblarnos.
Hoy contemplamos las flores del patio que
explotan de colores en este aislamiento que devolvió la fuerza a la naturaleza,
y como todos los días mi dueña, me dijo …
- ¡Gracias casita querida por estar y resistir!
Sonia
Fabiola Demitrópulos
4-5-
2020
Clase 3 -estoy
Estoy
Estoy bajo
la sombra
de un signo
de pregunta abandonado de palabras,
esperando
la llegada de un verbo
que se
perdió en océanos de ser
sin
encontrar sustento para amarrarse.
En la
inmensidad de la espera
cubre
con su manto el cielo
abrumando
la calma.
Restos
de naufragio asoman
y el
pensar se mantiene vivo
mientras
ennadece la nada.
Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín , Córdoba- Argentina
3-6-2020
CLASE 4
"SUBE DEL VALLE,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,"
Mujer de amor eterno
Sube del Valle, la nívea mujer niña
con
el corazón acongojado por la angustia,
en
épocas tormentosas de invasiones y penurias,
de
barbados encabalgados en sueños de riquezas y conquistas.
Sube
del Valle la mujer más codiciada,
objeto
de combate entre capitán y jefe indio,
en
busca de su amado perseguido por soldados,
sube
en compañía de temores y latidos enloquecidos.
Sube esa mujer que por amor se lanza al vuelo
con la desazón del corazón partido
aquella que sin dudarlo surca el aire
y se entrega sustentada en la esperanza del
reencuentro.
Sube del valle perfumado el recuerdo
de esa mujer que se entregó a los designios del
destino
y en rojas flores cada primavera
reencarna para su pueblo, transformándose en leyenda.
Sonia
Fabiola Demitrópulos
27-5-2020
Cosquin,
Cba Argentina
Querido Árbol
Nunca supe, a
qué especies pertenecías dimos por sentado que a una acacia. A pesar de
haberte examinados muchos ojos ninguno supo identificarte. Y por ello te pido
disculpas, pero prefiero creer que fuiste único y que fuiste nuestro árbol.
Te escribo en esta oportunidad estas
palabras al notar que se acerca tu partida, a pesar de los intentos realizados
tu tiempo se acaba y es claro que ya cumpliste tu ciclo. No quiero que desaparezca sin quede registro
de tu paso, ya que fuiste parte vital de nuestras vidas.
Acompañaste a varias familias que buscamos
en tu sombra tu cobijo y que pasamos por esta casa. Pero quiero destacar todo
lo que hiciste por la mía.
Con tus ramas como brazos te estiraste
cubriendo la mayor parte del patio, imponente te paraste dejando claro que ese
territorio te pertenecía y la muestra está, que no tienes árboles cerca que te
hagan sombra Fuiste la razón primaria de
la compra de esta casa, me enamoraste apenas entre a pesar del estado deplorable
en que se encontraba. Supiste cautivar mi atención y me susurraste sueños que
con los años se fueron logrando.
Fuiste el lugar donde mi hijo encontró su
espacio. Te exploró cada rama y gajo. Ese pequeño cuerpecito se perdía en tu
frondoso follaje para asomar su cabecita aparecer en la punta más alta de tus
ramas. Desde allí le permitías dominar el horizonte. Desde allí su mundo de
fantasía se desplegaba. Le brindaste lo que un niño necesita. Un universo de
magia y colorido a conquistar. De tus ramas colgaron hamacas, trapecios, ruedas
y lianas. Se ingeniaba para colgar de ti una roldana que le permitiera
elevar con sus bracitos su peso y escalar tus distancias, Estuviste junto él
toda su infancia. Las horas contigo no se le pasaban. Eras lo primero que
buscaba cuando se levantaba.
Acompañaste también a mi madre en horas de
soledades, y ella encontraba en la hamaca verde que cuelga de tus ramas, el
lugar donde mecía calmosa sus tardes de verano.
Bajo tus sombras miles de reuniones
realizamos. Mesas tendidas cobijando afecto, mesas que congregaban a comensales
entre risas y charlas. Todos agradecidos por la frescura de tu sombra.
Tus ramas fueron depositarias de nido de
paloma, de catas, de benteveos, de gorriones, carpinteros, urracas y vaya saber
que otros pájaros. Cuando fuiste
perdiendo tus hojas, ellos se resistieron a abandonarte.
Hoy con tus ramas desnudas exhiben algunas
hojas sin fuerzas. Se nota que te apagas. Por esto quiero dejarte este homenaje
para que junto a la foto quede tu presencia por siempre grabada
Por esto quiero antes que marches darte
mis infinitas gracias.
.
Sonia Fabiola Demitropulos
7-7- 2020
El invierno de su vida -2020-
Pero
no todo es color de rosa en estos lares, a veces, la fábrica no logra pasar la
primera etapa. No logro producir ni un mísero regalo para mí y mucho menos para
el resto. A veces, cuando me permito que mi autoestima esté en descenso, me
sumerjo en piletas de victimización en la que paso algunos días haciendo anchos
y largos. Esto tiene un alto costo. Trae
como consecuencia que la sirena no suene, lo pájaros se marchen, las flores se marchiten,
las mariposas y picaflores dejen de visitarme y todo comience a pintarse de
gris. Tan gris como mis ánimos. En esos momentos la fábrica deja de funcionar
hasta que un rayito de sol vuelve a mostrarme las bendiciones de la vida y
ponerme de nuevo en su carril.Sonia Fabiola Demitrópulos




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