EL RIO



Pájaro herido


Como pájaro agonizante 

en la palma de la mano

golpea el alma tu silencioso palpitar 

en el fino hilo de agua.

El estiaje te ha quitado tu porte señorial

y la majestuosidad de antaño.

Los grises pincelan decadencia.

Los ocres desaparecen en el paisaje.

Ya no se escucha el arrullo de tu canto

hoy te escurres con velocidad 

y no alcanzas a cubrir demandas.

Las lluvias que se anuncian esquivas

no logran recomponer tu estampa.

Manos gastadas de trabajo, 

susurros implorantes

desgranan ruegos en las cuentas del rosario.

Mas no hay agua sin monte

como no hay monte sin agua.

En ignorante acción los hombres 

seguimos talando sueños, 

seguimos incendiando esperanzas.

Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín - Còrdoba-Argentina

20-1-2023




Impermanencia


Este rio que soy, que sos, que somos,

de aguas cambiantes

de espejada superficie

de mansedumbre rebelde

de espíritu trashumante, 

peregrina en los ciclos de vida,

danza por los surcos venosos 

con cantarina libertad del que 

se sabe todo y parte.


Este rio que es, que fue, que permanece

en perfecta movilidad estática,

contenedor de vida,

continente de la existencia, 

cobija desde siempre 

el eterno paso del ser y del tiempo.


Este rio que corre frente a mi 

que es y no es, como sus aguas son y no son 

como mi ser es y no es,

por segundos conecta con mi esencia,

por segundos lava consciencias 

y sigue su paso.

Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín - Còrdoba-Argentina

20-1-2023




Canto al Rio Cosquín
Tardes pinceladas de garzas.
Susurros alados danzan en tu recorrido.
Desnudas de rio las piedras atrapan
calores de inviernos y amores florecidos.

Escenario de paz, escoltado de sierras,
en que duermen los arboles el sueño del indio.
Con un cielo narciso atrapado en el rio,
el Gigante, por hoy, convertido en hilo.

Mece el aire amoroso las cortaderas,
que acunan el sueño del duende de peñas;
y distraído atrapa en tus márgenes;
ilusiones, promesas, besos. Secretos eternos.

Rio Cosquín te nombran las zambas,
te recitan versos de almas poetas,
y en lienzos grabados, rojizos atardeceres,
reflejan plateados recuerdos de todos los tiempos.
Sonia Fabiola Demitrópulos

Cosquín - Còrdoba-Argentina

28-7-2019



ENIGMA EN EL RÍO COSQUÍN

En el silencio de las tardes de invierno, cuando el sol se refleja en las tranquilas aguas de Rio Cosquín; en la misma piedra, que hoy se encuentra desnuda de rio; y a la misma hora de la siesta, en que los patos sigilosamente se desplazan sobre las aguas y las garzas contemplan el paisaje, se puede observar debajo de un inmenso sombrero puntiagudo y de anchas alas a un hombrecito de tez mate, acuclillado garabateando la superficie de la piedra con un palo mojado. Con parsimonia repite movimientos por horas hasta que el sol amenaza su retiro. Momento en que desaparece del paisaje.
Día tras día, este ritual se mantiene.
Esta escena no pasa desapercibida para la anciana que vive al frente cruzando la ruta que costea el río, quien, entre tejidos, café y crepitar de leños tiene por costumbre pispear repetitivamente desde su rincón favorito de la ventana. Favorito por atrapar la calidez del sol que a través del vidrio la abraza amodorrante en estas siestas invernales. Con muy buena vista, por haberse operado recientemente, disfruta del poder apreciar las pequeñas letras, las pequeñas puntadas. los movimientos del afuera y ahora de los detalles de aquel personaje que parecía entrado en edad.
Mil preguntas sin respuestas rompen la monotonía de su vida. Escudriña cada movimiento.  No pareciera estar esperando a alguien - se dice – ya que no conecta con el ambiente y mantiene su atención focalizada en la piedra, el palo y el río a sus pies, según ella podía ver.
Ocupar sus pensamientos en este personaje le daba ciertos escalofríos, pero también cierto placer. A pesar de destinar gran tiempo de su atención a su tarea de vigía jamás pudo ver el momento exacto en que él llegaba o se retiraba.
Googleo buscando datos y noticias. Buscó sobre figuras fantásticas en la zona y nada actual obtenía. Algunos artículos hacían referencia al Duende de Cosquín, que se duerme después de cada enero y es despertado por los lugareños en cada octubre con el fin de hacerle ofrendas y pedidos para un venturoso festival y ser alcanzado por su aliento milagroso en el que le traspasa el don de llegar a la gente y tocarle el alma a quien lo invoca. , pero no sería este ese duende. Primero por la época del año, segundo porque este personaje era real, tercero no coincidia con las descripciones de ser alegre, festivalero, peñero, de moverse en horarios nocturnos hasta el amanecer. Muy por el contrario, este es solitario, tranquilo y rutinario, Hasta se arriesgaría a decir, que triste.
En este cavilar se encontraba cuando un impulso la movilizó provocándole una descarga de adrenalina. Con decisión dejó el tejido sobre el sillón, tomó un chal que colocó sobre su espalda, se acomodó los pantalones, ajustó las hileras de sus zapatillas y se dispuso a salir en busca de respuestas.
La quietud, la soledad y el silencio que la envolvió al cruzar la ruta de dos carriles la estremeció.  Haciéndose la señal de la cruz se encaminó a la piedra.
Y allí… allí lo encontró. Era realmente pequeño. Sus ojos claros, fríos, tristes se clavaron en los suyos y una sonrisa que agregó muchas arrugas más a la curtida cara acompañó la grave voz que le dijo: - Te estaba esperando Ana.
Cayó la tarde y solo la piedra solitaria quedó atrapada en el reflejo del rio.

 9/1/19




El duende del Rio

En el silencio de las tardes de invierno, cuando el sol se refleja en las tranquilas aguas de Rio Cosquín; en la misma piedra, que hoy se encuentra desnuda de rio; y a la misma hora de la siesta, en que los patos sigilosamente se desplazan sobre las aguas y las garzas contemplan el paisaje, se puede observar debajo de un inmenso sombrero puntiagudo y de anchas alas a un hombrecito de tez mate, acuclillado garabateando la superficie de la piedra con un palo mojado. Con parsimonia repite movimientos por horas hasta que el sol amenaza su retiro. Momento en que desaparece del paisaje.
Día tras día, este ritual se mantiene. Salvo en aquellos, en que el cielo decide privar a los seres terrenales de los rayos cálidos del sol.
Esta escena no pasa desapercibida para la abuela que vive al frente, cruzando la ruta que costea el río, quien, entre tejidos, café y crepitar de leños tiene por costumbre pispear repetitivamente desde su rincón favorito de la ventana. Favorito por atrapar la calidez del sol que a través del vidrio la abraza amodorrante en estas siestas invernales. Con muy buena vista, por haberse operado recientemente, disfruta del poder apreciar las pequeñas letras, las pequeñas puntadas. los movimientos del afuera y ahora de los detalles de aquel personaje, pudiendo apreciar que se encuentra entrado en edad.
Mil preguntas estallan en su cabeza rompiendo la monotonía de su vida.  ¿Qué hace? ¿De dónde viene? ¿En qué momento aparece y en cual desaparece? ¿Por qué pasa tantas horas inmóvil sobre esa piedra? ¿Qué dibuja en ella? Todas sin respuestas todavía.
- No pareciera estar esperando a alguien - se dice -  ya que no conecta con el ambiente y mantiene su atención focalizada en la piedra, el palo y el río a sus pies, según ella puede ver.
Ocupar sus pensamientos en este personaje le daba ciertos escalofríos, pero también cierto placer. A pesar de destinar gran tiempo de su atención a este tema jamás pudo ver el momento exacto en que él llegaba o se retiraba.
Cada vez era mayor el tiempo que dedicaba a su tarea de vigía con la intención de recabar algún detalle más a su investigación. Googleo buscando noticias que hicieran referencia a algún personaje con estas características visto por la zona. Buscó sobre figuras fantásticas y nada actual obtenía. Salvo algunos artículos que hacían referencia al Duende de Cosquín, al que denominan espíritu de Festival del Folklore, el cual se duerme después de cada enero para ser despertado por los lugareños en cada octubre con el fin de hacerle ofrendas y pedidos. Decían estas páginas, que este Duende es el encargado de preparar el alma del pueblo para esas fiestas y que besa con su aliento milagroso al artista que lo invoque con una copla, dándoles el don de llegar a la gente y tocarles el alma.
Lo curioso - pensaba- es que ... no es octubre. Por lo que no sería el mismo Duende. Considerando también que el referido en internet es un personaje figurativo puesto que nadie planteaba su existencia real. Pero éste …  éste que está al frente de su casa ... éste … es real … ella lo puede ver todas las tardes.
Tampoco encontraba coincidencia con las descripciones del Duende del Festival ya que este es alegre, festivalero, peñero, se mueve en horarios nocturnos hasta el amanecer. Le gusta las fiestas, los bailes, el canto, las reuniones de amigos, las calles llenas de gente. Mientras que este otro, al parecer es solitario, tranquilo, rutinario, Hasta se arriesgaría a decir, que triste.
Y fue en ese momento un impulso la llevó a terminar con su curiosidad. La adrenalina la invadió. Dejó el tejido sobre el sillón, tomó un chal que colocó sobre su espalda, se acomodó los pantalones, ajustó las hileras de sus zapatillas y se dispuso a salir en busca de respuestas.
Cuando iba cruzando la ruta de dos carriles tomó conciencia de lo desolada que esta estaba. Se estremeció y haciéndose la señal de la cruz se encaminó a la piedra.
Y allí… allí lo encontró. Era realmente pequeño. Al escucharla llegar, sus ojos claros, fríos, tristes se clavaron en los suyos y una sonrisa que agregó muchas arrugas más a la curtida cara acompañó la grave voz que le dijo: -  Te estaba esperando Ana.
Cayó la tarde y ambos desaparecieron en el paisaje.
Sonia Fabiola Demitrópulos
31/7/18



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