PROLOGOS

 




Libro del escritor guatemalteco Jorge Rivera Duarte

Escritor, poeta, novelista, autor independiente, editor guatemalteco.
Autor de 3 poemarios (Índigo -PiesDescalzos y Recuerdos En Verso)


Prólogo del Libro El Verso se hizo carne de Jorge Rivera Duarte

La palabra cuando deja de ser idea y comienza a conquistar el territorio de una hoja en blanco, protagoniza una maravillosa metamorfosis. Se expande como emoción, como tiempo vivido, como experiencia concreta, como cuerpo que se habita. 

En este libro la palabra se encarna en ramilletes que susurran latidos de un universo propio. Allí, el autor hace del verso un acto vital, de la escritura una experiencia corporal y del poema, un espacio donde lo espiritual se vuelve materia para el lector.

El título anticipa una experiencia encarnada, y no resulta exagerado. A medida que exploramos sus páginas, se despliegan versos que, como emoción ,“inundan entrañas”, “arden en llamas”, o se vuelven territorio en “ríos de sangre”, cargados con la intensidad de lo vivido.

El poemario se organiza en tres secciones claramente definidas. En ellas, un yo que ama, un yo que pertenece y un yo que se expande marcan el pulso de la palabra.

En la primera sección nos  sumergimos en un territorio intimista; aquí la palabra se vuelve deseo, pérdida y memoria. Es el espacio donde el amor naufraga, se apaga en la oscuridad de la tristeza, se transforma en recuerdo que inunda las entrañas, late, espera, sueña y se siente. 

Es ese sentir acompasado del yo que ama el que nos conduce a latires enraizados en la familia. Aquí la palabra se vuelve vínculo, sostén y pertenencia. En estos poemas, el amor filial se encarna en gestos concretos: manos que arropan en la noche, voces que cantan, cuerpos que laten al unísono. La madre es calor; la hija es presencia que transforma; el padre, permanencia. Es el espacio donde el vínculo se vuelve experiencia tangible y el yo se reconoce en relación con otros y como parte de una manada.

En la última sección el yo se expande, se abre hacia una dimensión más amplia. La voz poética se reconoce en la tierra, en lo sagrado y en lo colectivo; y desde allí encuentra su forma de decir. Es en este punto donde la poética de la encarnación encuentra su punto más alto y se manifiesta en versos como: 


Padre nuestro,

¿estás en el cielo?

te he buscado y a veces me he cansado

con mi boca he santificado tu nombre

y simplemente no me respondes

posiblemente sea que he estado distraído

y no estoy atento a tus respuestas.


En este poema, que comparte con el título del libro su fuerza, la palabra es respiración, pregunta y desgaste. En diálogo con el Padre Nuestro, lo sagrado se vuelve experiencia humana. Y es así, como lo cotidiano se transforma en verso, la palabra se vuelve semilla, y el lector, tierra fértil donde esa semilla puede germinar. Aquí el poeta se sitúa desde la pequeñez del ser imperfecto que busca y no encuentra y, sin embargo recibe el don de la escritura para encauzar su inquietud. En una segunda parte del poema, el Padre Nuestro se reescribe en clave poética desplazando la oración hacia el territorio del verso: “Dame hoy el poema de cada día …”, “Perdona todas mis ofensas/ cuando la pereza me invade/ y no quiero escribir …”, “Líbrame del juicio de los malos lectores …”.

Así, el verso no sólo nombra lo sagrado: lo vuelve materia sensible. Y en ese gesto se cumple la promesa del título: el verso, finalmente, se hace carne.

En el lector queda recoger esa semilla que el autor siembra entre sus versos.

Antes de despedirme, quiero decir que la experiencia de acompañar a un escritor en las últimas fases de un proceso de concreción de un sueño y asomar en su mundo emocional para prologarlo es un honor que se concede, ya que se otorga un lugar privilegiado para poder apreciar íntimamente la obra y escuchar su latido.

Agradezco enormemente esta distinción, que el estimado escritor Jorge Rivera Duarte me otorgó. Esto me permitió sumergirme en las aguas transparentes que el poemario resguarda y desde una mirada nutrida por atardeceres cargados de argentinidad, deleitarme y reconocer en cada verso la huella de un vivir, sentir y ser guatemalteco.

Desde este umbral los invito a cruzar, explorar y dejarse habitar por las palabras que cobraron vida en estas páginas.


Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín-Córdoba-Argentina

2-4-2026


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Libro de la escritora mexicana Edith Barrios Rodríguez

Escritora

PRÓLOGO DEL LIBRO OASIS DE MISTERIO Y DESTELLOS DE SAL


Volver a prologar un libro de mi querida amiga Edith Barrios Rodríguez es, siempre, aceptar una invitación al desafío. Sus obras proponen un modo distinto de leer, de escuchar y de habitar la palabra.

En Florilegio Mestizo, fue nadar en aguas donde la oralidad se volvía semilla poética: un tejido de voces que entrelazan lenguas —el español y el náhuatl— y recupera un decir anclado en lo regional, en lo arcaico, en aquello que resiste al olvido. Allí, la lectura deja de ser lineal para respirar conscientemente entre los versos. 

En El canto del barro, en cambio, la materia misma adquiere voz. Una conversación multilingüe: español, italiano e inglés también se entrelazan, para traer otra lengua, más difícil de nombrar: la de lo íntimo y lo universal. Allí cada idioma encarna una forma distinta del barro: ritual y telúrico; vital y naciente; mental y abstracto. Todas se reconocen como vasija y aliento que  encuentran en la palabra una forma de ser.

Es desde ese recorrido —de la oralidad al barro, de la lengua al símbolo— que este nuevo libro vuelve a convocarnos como invitación a transitar un territorio singular: un oasis que condensa un tiempo en pliegues, como arena acumulada en capas invisibles, donde destellos de sal pincelan misterio y ritual de invocación.

Aquí, la propuesta cruza civilizaciones y épocas —pirámides egipcias y mexicanas— para dar voz a una mujer cuyo nombre ha logrado permanecer a lo largo del tiempo danzando en las aguas de la historia, del romance, de la ficción, de la cinematografía y de la ensayística. Una mujer que ha cobrado vida en múltiples construcciones narrativas y que aún permanece desafiando clepsidras.

El  libro Oasis de mentiras y destellos de sal, se presenta como la caja de resonancia de esa voz traída desde las lejanías del tiempo para reflexionar sobre diferentes tópicos actuales, reactivando la figura de una mujer que se mantiene como símbolo de inteligencia estratégica y memoria. Una mujer que resiste el borramiento.

Dentro de las sutilezas que propone la autora cabe destacar un fragmento en el que Cleopatra expresa su desconfianza hacia los intérpretes 

“...detesto los intérpretes porque cambian una palabra por otra que les parece más apropiada y no respetan lo que una expresa…“ 

este reclamo de fidelidad, proveniente de quien desconfía de los intérpretes pero sólo puede existir a través de ellos, opera como un alerta para traer a conciencia del lector la imposibilidad de un acercamiento a una voz pura y al mismo tiempo, la necesaria coexistencia de una multiplicidad de intérpretes (traducida por la autora, mediada por la tecnología y leída por nosotros).

En el libro el tiempo permanece como huella que se pisa y se mezcla entre la arena. Allí, Cleopatra habla desde un presente que desarma la distancia histórica:  “el mayor imperio de la mujer es la mujer misma”. Su voz se desliza entre épocas, como si cada afirmación volviera a pronunciarse en distintos tiempos a la vez.  Su historia persiste, se reactiva, vuelve a tomar forma en cada palabra. Cleopatra reconstruye episodios de crisis política y personal como saberes que permanecen: conocer al rival, elegir aliados, decidir el propio rumbo. El pasado, así, se actualiza y dialoga con el presente.

Esta Cleopatra que se recrea en estas páginas dialoga con conciencia política moderna, reflexiona explícitamente sobre el prestigio, y realiza una lectura estratégica del poder en clave contemporánea, incluso lo hace con mediación tecnológica. 

Al recorrer este oasis podemos comprobar que los mitos se transforman, se reinventan,  cambian de forma para seguir vigentes, para seguir hablando. 

Aceptar la invitación a leer Oasis de misterio y destellos de sal es adentrarse y bucear en esta nueva propuesta de la autora. Un verdadero encuentro con una figura que atraviesa siglos, mediaciones y discursos para volver a pronunciar su nombre.


Sonia Fabiola Demitrópulos
Desde Cosquín (Capital Nacional de Folklore Nacional )

Córdoba - Argentina

22-3-2026




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Prólogo 


“¿Quién puede atrapar a un universo tan amplio y ordenarlo en palabras?” nos dice Yolanda Amado en su libro “Sencillos decires y simples sentires”. 

Adentrarse en un libro es cruzar un umbral y entrar en la intimidad de quien escribe, en las formas de ver la vida, en los colores que respira, en la música que anima sus palabras. Es descubrir, poco a poco, cada detalle dispuesto con cuidado. 

La emoción de reunir, elegir y ordenar los textos es semejante a preparar la casa para una fiesta. Esa alegría íntima que acompaña el disponerlo todo para los invitados es la que, por fortuna, pude observar al acompañar de cerca este proceso. Por eso puedo decirles que este universo de letras tiene un sello propio: es color Yolanda. 

Ella es puro vibrar. Sus sentires se desbordan en las palabras y desde allí nace su poesía. 

“Cuantiosos, diversos y profundos, como montañas, selvas y mares, son los sentires míos”, nos confiesa. 

Sus versos laten entre carcajadas que se amasan, vientos que se espantan, tiempos que se encuentran. La autora transforma lo cotidiano en experiencia poética: se confiesa con un árbol, se evapora como agua, se funde con el río. Reconoce la densidad de los vacíos, pero elige sostenerse en lo que fluye y se renueva. Yolanda escribe como quien guarda un archivo vivo de emociones compartidas, para los suyos y para quienes la lean. 

La narrativa, organizada en varios segmentos en una segunda parte, está dedicada a Josefina, esa hermana que de niñas supo transmitir la fuerza de la palabra contada, esa magia de colorear la vida a través de relatos. 

Aquí vemos como la escritora fluye y nos regala un recorrido atrapante. A través de descripciones precisas ella va construyendo tensión y movimiento. Su narrativa es ágil, visual y dinámica, se lee en un ritmo que nos hace sentir parte. 

Con un tono  vivaz, cercano, juguetón, algunas veces lúdico otras provocador, se da el gusto de hacernos guiños de humor e invitarnos a imaginar y a participar recreando escenas entretenidas.

En ocasiones conecta su narrativa con la historia colectiva, ampliando el horizonte del libro cuando nos lleva hacia “una cultura que atravesó su destino” y es allí donde su voz se convierte en espejo de una época marcada por desigualdades: 

“ …Al varón se le permitía, a la niña era el ‘NO’. Ese ‘no’ que aún no puedo acallar…”  

“...Atrapada de culturas impuestas, confiscada en conventos religiosos, separada de la familia primaria… “Muy preparada para acallar”...

En otros conecta lo íntimo  con lo universal , se erige como testimonio generacional, rescata el ritual, el brillo colectivo que teje memoria y cuerpo social. Yolanda sabe que el mundo late con un sentir secreto, y por eso inventa historias que traducen ese murmullo en palabras. Como Arandú y Dina, ella se convierte en mediadora entre el misterio y el decir, entre lo invisible y lo nombrado.

En estas páginas Yolanda nos confiesa su intención de no dejar nada afuera, de escribir para expandirse en letras, y para que su sentir no quede en silencio. Y lo logra. Nos entrega un universo color Yolanda que enseña, vibra y contagia vida, hecho de sencillos decires y de sentires tan hondos que desbordan las palabras.

Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín- Córdoba -Argentina
25-8-2025



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Libro de la escritora mexicana Edith Barrios Rodríguez

Escritora






PRÓLOGO


¿Nos preguntamos antes de leer un libro que tipo de lectores somos?  Este libro es un hermoso desafío para encontrar la respuesta y mucho más para aquellos que estamos a tantos km de distancia de ese maravilloso universo cultural que es México. 

Desde su título nos advierte que seremos interpelados sobre nuestra apertura frente a otras formas de decir, pensar, y hacer. 

“Florilegio” como  colección selecta de textos y “Mestizo” como consciencia de entrelazamiento de voces, memorias, saberes y visiones del mundo. Esta combinación nos trae un ramillete de textos, como ofrenda, que nos llevan a revisar nuestros marcos de comprensión, las lenguas usadas, las creencias sobre lo ancestral, lo espiritual, lo histórico, lo político, lo femenino. Es un libro para explorar sin apuro, dándonos el tiempo necesario para intuir, anticipar, investigar. 

En la página de agradecimiento, la autora, refiere la transmisión oral como semilla poética de estos textos y en el cierre de la misma, el uso de la primera palabra náhuatl “Tlaxhokamati” o “"Tlazohcamati"??? (gracias desde el corazón) es un gesto fundante que  anticipa que escribe desde lo que le fue dado, tanto por esas voces ancestrales, como por los recuerdos vivos y entrañables que la llevaron a tejer esta memoria mestiza que abre como abanico. 

En su escritura, Edith Barrios Rodríguez no solo entrelaza lenguas como el español y el náhuatl, sino que trabaja también con un español anclado en lo regional, en lo arcaico, en lo poco transitado. Recupera vocablos con ecos antiguos ofreciendo al lector un territorio que resiste la homogeneización y el olvido. Esto provoca una interrupción en la lectura fluida y nos obliga, en muchos casos, a intuir e investigar. Es un territorio con su propia carga  en el que la autora nos dice:  mi palabra tiene raíz aquí.

Otro regalo, que encontramos como lectores,  es la invitación a transitar visualmente los poemas por la particular disposición espacial del texto. En algunos pareciera una dimensión ritual, en la que sin darnos cuenta, nos zambullimos en un ritmo visual generado por las alineaciones del texto, por el espaciado entre letras, el uso de mayúsculas. Nos saca de la lectura lineal y nos obliga a movernos con más conciencia entre los versos. Esta distribución no es caprichosa o decorativa sino que forma un todo con el texto, comunicando tanto a nivel simbólico y emocional, como verbal. 


Nace la flor de cempazúchitl,  

     d e l i c a d a, 

e té rea,  

         l i g e r a 

como un suspiro AMARILLO que pende del éter,  

que baila con el aire,  

que atrae a las abejas…  

¡Vibra El Verano A Su Vaivén! 


Por ejemplo en este poema Cihuacuacualtzin - Mujer hermosa, no solo se celebra a la mujer flor como símbolo ancestral y cósmico, sino que nos presenta el texto como una coreografía de un baile de palabras al viento. Como si quisiera imitar ese vaivén del aire. Aquí las palabras no solo significan, también se desplazan, respiran, titilan, se intensifican. ¿Será que de esta manera  le devuelve al lenguaje su fuerza vital?. Quienes conocemos a Edith Barrios Rodríguez sabemos de su inmensa capacidad creativa y de su maravillosa energía que vuelca en sus letras y aquí se manifiesta.

En cada texto, Edith recupera aquello que ha permanecido en la sombra. Con una voz contemplativa en la observación de la naturaleza y los ritmos de los cuerpos; con una voz ancestral cuando invocar a los dioses y abuelos; con una voz femenina, indígena y mestiza al posicionarse como receptora, portadora y canal de los saberes; con una voz activista cuando reivindica las memorias no oficiales, las lenguas y las heridas del mestizaje. De este modo nos trae los relatos familiares, los nombres de los dioses y una rica cosmovisión mexicana. Cada uno es una huella inscripta con fuerza, con peso. 

Cuando se manifiesta como heredera de saberes que necesita dejar escrito,  nos dice…


Quetzalcoatl,  

el camino que caminas  

es mi sendero 

Soy tu simiente,  

nehua notoka achtli  

soy tu piedra en el camino. 

nehua notoka tetl  

Te tropiezas  

y tropiezo sin caernos… 

                               pero tú tienes tu cauda, Quetzalcoatl, 

posees luceros eternos. 


Sus autoreconocimientos en náhuatl “nehua notoka achtli” (soy tu simiente),  “nehua notoka achtli” (soy tu piedra…) condensan su rol. Como semilla: la esperanza que germina en el presente; y como piedra:  la resistencia, la presencia firme que nos dice que el tiempo no se ha ido. Y no se ha ido porque hay una niña que escucha, una mujer que ofrenda, un espíritu que invoca, una sombra que recuerda, una conciencia lírica que reclama. De esta manera, la autora nos va conectando lo visible con lo invisible, lo actual con lo ancestral y lo personal con lo colectivo. 

  Leer este libro es aceptar la invitación a recordar lo que nos compone más allá de los nombres.

El universo narrativo también tiene su riqueza, en él se explaya y nada en sus aguas. Sugiere sin contar, usa imágenes potentes, convoca a personajes a través de nombres ancestrales,  evoca espacios sagrados,  deja que los cuerpos hablen a través de sus gestos, deja que la magia conviva con lo cotidiano y nos trae elementos míticos y mágicos. 

Es este libro una bella propuesta que nos convoca como lectores a dejarnos atravesar por esas  voces que vibran con la verdad de los rituales, de la infancia, de las memorias. Es un libro que nos lee mientras lo leemos. 

Sonia Fabiola Demitrópulos
Desde Cosquín (Capital Nacional de Folklore Nacional )

Córdoba - Argentina

6-8-2025


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PRÓLOGO

“El canto del barro” es el título elegido por la autora, y no podría ser otro, en él resuena su forma de estar en el mundo. Quien la conoce sabe que es energía en movimiento, impulso creador, alegría contagiosa. Cascabeleo que encuentra voz en sus textos. 


“...El sentido del ritmo,/ el impulso de vivir,/ el sentido de ser,/ viven en mí misma./
 Surgen aún antes que la palabra…”
” (Circunferencia) 


Por eso no es descabellado asociarla con este barro antiguo y sagrado que canta en muchas lenguas y guarda lo que fuimos, lo que somos y podríamos ser.   


¿Qué tiene este barro que atrapa en su canto y trae la memoria ancestral de lo sagrado?. 


Este canto, que no busca imponerse sino que repite, en eco, lo que ya sabemos desde lo profundo, nos habla de esa comunión especial de la materia y el alfarero. De ese vínculo con ese artesano que sabe interpretar las notas del universo porque vibra en ellas.

 En este libro, la autora, a quien respeto y admiro, Edith Barrios Rodríguez, escucha, transforma, se apropia y devuelve  esos ecos de una memoria antigua. En una conversación multilingüe, producto de ricas vivencias  en una cultura Cuernavaquense que la cobija desde su niñez, su voz emerge entre memorias, resistencias y paisajes. Su barro resuena. Y al hacerlo nos convoca a escuchar nuestro interior. Este canto tiene sus propios sonidos, sus propios silencios. Y nosotros  lectores, somos invitados no solo a leer, sino a poner el oído en la tierra y sentir su vibración antigua.

“...No necesitamos ser dioses aquí o ahí, 

No necesitamos recordar 

Necesitamos conceder al universo 

el reconocimiento de que el polvo de estrellas late en  medio de nuestro pecho al unísono del inmenso y magnífico cosmos…” (Somos dioses)


Desde Cosquín, Capital Nacional del Folklore Argentino, familiarizada con el canto de la tierra desde diversas formas -coplas, danzas, poesías y fuegos artesanos- pude palpitar la energía vital de la comunión. Sabiendo que cuando el barro canta, no lo hace solo. 

Al iniciar el recorrido por “El canto del barro”, encontramos las voces de bienvenida en español, en italiano y en inglés; pero  también aparece otro idioma, el de lo íntimo y lo universal. Voces que encarnan una modalidad distinta del barro. Los textos en español nos brindan  un  barro ritual, primitivo, telúrico. En italiano un barro vital, floral, naciente. En inglés un barro mental, abstracto, transdimensional.  Todas estas voces respiran desde una conciencia poética que se reconoce como vasija y aliento, como fragmento roto que se transforma en melodía.


“...I am Pandora's box, and I am Pandora with her secret box.  Surprises and gifts, energy that multiplies like light through a  prism: each ray a quality—proactive or challenging—a beam  of diverse experiences, a sun of concerns on the surface of the  water…” (Alephzain Oasis)-


“...Yo soy la caja de Pandora, y soy Pandora con su caja secreta. Sorpresas y regalos, energía que se multiplica como la luz a través de un prisma: cada rayo una cualidad —proactiva o desafiante—, un haz de experiencias diversas, un sol de inquietudes en la superficie del agua…”


Como una vasija simbólica cada texto: “contiene” la emoción, la modela, la ofrece al lector  aunque también “desborda”: lo que no puede decirse se insinúa, escapa, vibra. En una dualidad que da cuenta del dominio de distintas formas expresivas que alberga tanto el fuego creador como el murmullo amoroso.


“...Nada …sólo quietud en lo intenso./  Un hilo se rompe 

y su sonido repercute en la cañada  del alma…” 


Lo que más me cautivó de la escritura de Edith Barrios Rodríguez, es su capacidad de hacer del lenguaje una materia viva, que respira, palpita, baila y sangra. Cada palabra parece modelada con la precisión de quien no deja detalle sin estudiar, pero  también con la frescura, espontaneidad y temblor de una mujer que se atreve a nombrar su vulnerabilidad, su deseo, su pertenencia al mundo y su desarraigo.  Es una propuesta que no se puede leer de corrido, hay que buscar el tiempo para poder detenernos en cada imágen y disfrutar de esa sensación que se despliega como cuando descubrimos una flor sobreviviendo entre ruinas.  

Si de quedar sin aliento se trata, los  invito a explorar el libro y encontrar aquellos versos que provoquen este impacto.

”Como barco antiguo

he anclado

en la profundidad azul de los silencios…”

(en Fronda Jade - poema en español)


Si de dejarnos envolver en rítmico danzar se trata, en el mismo poema Fronda Jade, el encadenamiento anafórico imprime un movimiento y ritmo orgánico que  fluye como el viento mismo y cada verso empuja al siguiente.


“ … El árbol se pandea con el viento

viento que abraza y se despide del verano

viento que sacude la maleza

viento cansado de caminar por el mundo

mundo de tierra seca

mundo de voz de barro

barro que guarda la semilla

barro que acuna la vida bajo el sol

sol de verano que se agita

sol de verano sobre el árbol …”

(en Fronda Jade - poema en español)


La poética de lo efímero; la herida convertida en forma, sin resistencia solo con la obstinación de quien sabe que incluso una palabra susurrada puede contener un mundo; la alquimia entre lo íntimo y ancestral, entre el mito, el cuerpo y la memoria son algunas de las propuestas que nos toman de la mano y nos conducen en este recorrido del universo Edithiano. 

El canto del barro no es solo un título: es una clave para leer esta obra; una metáfora del cuerpo femenino creador, del lenguaje como materia sensible. Es una afirmación que condensa lo cósmico, lo mítico y lo espiritual. Es un gesto transformador.


Sonia Fabiola Demitrópulos

Cosquín-Córdoba-Argentina

20-7-2025






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PRÓLOGO  Sinfonía Q’omer Sumaq



Hay títulos que son umbrales. Sinfonía Q’omer Sumaq abre la puerta a un espacio donde el lenguaje se enraiza en la hibridez de dos mundos y en las notas de una Tierra que aún canta.

Conocí las letras de Mercedes Uriarte Latorre, por su libro La quinua, reina de los cereales, allí encontré en la exaltación de los nutrientes de una semilla ancestral, un voz que hablaba de una cultura viva, de una medicina milenaria, de una alimentación con sentido. Esto me llevó a sumergirme con entusiasmo en estas páginas, sabiendo que encontraría una conciencia amorosa, lúcida y activa. Una partitura espiritual que se entrega al lector, y no me equivoqué. 

Aquí la belleza emerge como derecho y herida, como memoria y semilla, y como tejido con raíz y futuro. Aquí la sinfonía vibra con la savia, con el barro, con el canto de la hoja al caer. Las palabras respiran, brotan, cicatrizan, laten.

Una polifonía enriquece el poemario, no solo por los seudónimos que la autora emplea en alguno de sus textos - según el momento del proceso creador-, sino por la trama viva de voces que entretejen saberes, emociones, memorias y lenguajes.

Los elementos naturales no solo son nombrados, sino que adquieren voz propia. Así ocurre en el poema “Plegaria de un árbol- "Sachaq Mañakuy”:


¡Mira mis dos manos Señor!/ Bajo tu cielo celeste estoy/ implorando Paz y perdón.

Mira la savia, mi sangre vegetal,/ salpicada sin piedad ni consideración./ Decapitaron mis yemitas nuevas / Con filudas hachas y machetes./  ¡Clamo hoy a ti, busco justicia Señor!


En Sinfonía Q’omer Sumaq, la voz poética es a veces una celebración, una advertencia, un canto ancestral, una memoria sensible del presente. Invoca, dialoga, enseña, recuerda, se lamenta, y reencanta con una mirada que funde lo íntimo, lo cultural y lo ecológico. Otras veces es imaginativa y metafórica: la lluvia como doncella, la luna como bordadora, el viento como danzarín o espíritu libre . Por ejemplo:

“...escribiendo digo:  

Que la lluvia es una doncella que baja del cielo en su corcel dorado, luciendo su plateada y desparramada melena. Que es como una niña juguetona, con su vestido nacarado. Va corriendo y saltando por la cima de las montañas. Rodando y resbalando por las peñas. Goteando por los tejados. Que ella, se desliza suavemente y toca las ventanas plic, plac, plic, plac, y salpica y se encharca clop, clop,...-” (La lluvia/Para)


También puede ser testigo sensible: una voz que observa y resguarda desde una poética de la cercanía y la pérdida; o denunciante, como en el siguiente fragmento: 


“...Por todo ello, es bueno evaluar con los cinco sentidos, este Memorándum que, desde hace mucho tiempo estoy enviando. 

¡Cambiar la dieta para salvar la vida y al planeta! …” (Memorandum de la Naturaleza) 


Desde un tono lúdico, oral y afectuoso, mezcla de sabiduría popular con identidad regional, en otro poema nos dice: 


“...De tanto intentar hacerlo 

lagrimeó hasta el amanecer.

Sus perlas quedaron plasmadas 

en un zapallo loche a punto de florecer…” 

(Loche Lambayecano/Sapallu)


Los textos en este libro no vibran por azar: tienen raíz en la cosmovisión andina y amazónica, tallo en la ética de la escucha y la defensa de lo vivo, y hojas que buscan la luz de otros ojos, Desde la Tierra que habla con voz herida, hasta los “ventanales del mundo” que observan y piden, cada poema nos recuerda lo esencial: que salvar la Naturaleza es salvarnos a nosotros mismos.

Las flores, plantas y frutos de este poemario no solo embellecen sino que  sostienen, curan, acompañan y alimentan. Algunas son patrimonio vivo que se celebran como legado y promesa, transformando al libro en herbolario afectivo, botiquín natural y cocina tradicional. 

Ahora que la sinfonía ha sido escuchada, esas palabras que antes me eran ajenas —Q’omer Sumaq— vibran en mí como un eco antiguo y necesario. Esta partitura de la Tierra, tejida en lenguajes de savia, barro y flor, no cesa de cantar. Escucharla es también recordar quiénes somos. 

Invito a cada lector a no solo leer esta sinfonía, sino a habitarla. A dejarse mover por su música verde. A sembrar, junto a Mercedes, nuevas formas de nombrar y cuidar la vida.  Ser parte de esta Sinfonía Q’omer Sumaq, como lector, no es conjugar el yo, sino cantar el nosotros. 


Sonia Fabiola Demitrópulos

21-7-2025




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Prologar el libro “Autobiografía no autorizada”, del autor neuquino Daniel Iturrioz, se presentó como una maravillosa aventura a disfrutar al ofrecerme la posibilidad de incursionar en dos universos mágicos y sus particulares capacidades de lograr capturar la esencia del instante y detener el tiempo. En uno de ellos, la luz, la sombra y la textura del mundo que nos rodea es capturado por la cámara, en el otro, las emociones y los matices del alma quedan atrapados en la poesía. La fusión de ambos, como en este caso, se transforma en una danza de imágenes y palabras entrelazadas que dan vida a la obra presentada. Es por eso que comenzar a explorar el poemario, fue como adentrarme a un territorio de intimidad, en el que el espacio multisensorial propuesto ofrecía una experiencia de lectura sumamente enriquecedora.

En esta colección de ochenta y cuatro poemas breves y ochenta y cuatro fotografías en blanco y negro, podemos como lectores, descubrir significados literales e inferenciales y explorar diversas emociones, conceptos y reflexiones de manera individual. Cada poema con su propio estilo y enfoque es una instantánea de una idea o sentimiento particular, que, sin necesidad de estar conectados entre sí, comparten una voz poética común. 

Los protagonismos de las figuras humanas en las fotografías resaltan el componente humanista del poemario y la elección de ausencia de color nos presenta un mundo aparte, con la crudeza y la emocionalidad que brinda el ambiente monocromo.  Otro aspecto a destacar es el equilibrio en la distribución de espacio y el peso entre ambos lenguajes: poético y visual. 

Las musas del autor, susurradoras en este  proceso creativo de escribir y captar  imágenes, nos guían en un recorrido que invita a cuestionar la existencia, a  valorar los momentos fugaces y a explorar nuestra relación con el mundo que nos rodea a través de las diversas temáticas,  como el amor, las relaciones y las emociones asociadas con ellas, las reflexiones existenciales, la incertidumbre, la inestabilidad, la muerte, el tiempo, la identidad, la búsqueda de significado, la crítica social y la preocupación por la naturaleza y el medio ambiente entre otras. 

Les propongo que hagamos un alto en la primera propuesta del poemario, para descubrir como la imagen de un paisaje sereno pero ventoso del sur argentino que acompaña al poema "Abriendo Surcos", evoca nostalgia y misterio a través del contraste entre el blanco y el negro que acentúa la profundidad y como, a su vez, la existencia de la silueta de una paloma, una casa y varios pehuenes añade un toque de humanidad y conexión con la naturaleza.

El poema “abriendo surcos” se relaciona con esta imagen al destacar el contraste entre la luz y la oscuridad cuando nos habla de un amor que "barre la luz de la luna”, en una especie de renacimiento o transformación cuando somos capaces de salir del "piloto automático" de la rutina y adentrarnos en lo desconocido, simbolizado por el "agujero negro". Las estrellas mencionadas se presentan como guías, como destellos de esperanza en nuestro camino hacia una vida plena. El último verso, "labios que no has de beber" puede simbolizar deseos no cumplidos o experiencias aún no vividas en este nuevo camino que estás emprendiendo, y los tres puntos una invitación a terminar la frase, quizás, siguiendo un texto de un reconocido refrán. En síntesis, “Abriendo Surcos" es un poema que captura la esencia del cambio y la búsqueda de nuevas posibilidades a través de imágenes evocadoras y metáforas sugestivas.

Así como el primer elemento nos retuvo en un minucioso análisis, el resto de las obras nos ofrecen un abanico de perspectivas que nos llevan a navegar por diferentes aspectos de la experiencia humana, dejando una impresión duradera.

Por todo esto, estimado lector, te invito a sumergirte en este libro, a explorar esta danza entre la imagen y la poesía, a dejar que tus sentidos se embriaguen con la visión y la palabra, y ser transportado a mundos que solo la imaginación y la mirada atenta pueden desvelar. En cada página, en cada verso, en cada foto descubrirás un rincón de inspiración y un destello de asombro. Este es un viaje donde las palabras y las imágenes se abrazan, donde el arte se convierte en un eco eterno en tu corazón.

Sonia Fabiola Demitrópulos

Cosquín-Córdoba-Argentina

15-9-2023



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Prologo 

Es un honor prologar esta VIII Antología poética denominada "Arequipeñas del Bicentenario, testigos de nuestra época" en la que participan once integrantes del prestigioso Centro, quienes a través de treinta y un textos en forma de poemas, relatos, cuentos y ensayo testimonian el sentir de una generación que lleva a través de las fronteras la perspectiva femenina de las letras arequipeñas. 

Conocí al Centro de Escritoras de Arequipa en época de pandemia, cuando un gran movimiento literario comenzaba a crecer en las redes sociales. Las pantallas de nuestros dispositivos abrieron una puerta hacia nuevos universos. La vulnerabilidad e incertidumbre del momento potenciaron y aceleraron el entretejido de lazos de amistad y hermandad literaria.  Así es, como de la mano de Clara Salas, mi primera amiga arequipeña, fui conectándome con otras y con la totalidad del CEA.  Saber de un centro de “escritoras organizadas” con tantos años de antigüedad me llevó a admirar la fuerza del empoderamiento femenino de sus fundadoras, que las hizo agruparse para superar barreras de prejuicios, escasos reconocimientos y “olvidos” de su creación literaria. Hoy, admiro el trabajo de quienes están al frente enriqueciendo el legado y adaptándose a las complejas realidades.

Desde este Cosquín, rodeado de sierras y rio, fui recreando a través de sus historias y poemas el paisaje y la magnificencia de la Ciudad Blanca, volcanes y hermosa gente, al ritmo de yaravíes y danzas típicas. El CEA representa un maravilloso grupo de amigas y un importante referente cultural de Arequipa. 

Por estos lazos creados y la responsabilidad asumida me adentré en las páginas de esta Antología con una mochila cargada de respeto, cuyo peso no me dejaba avanzar, pero como el mundo del poema es un mundo de palabras, imágenes, ritmos, músicas, cadencias que está a la espera de ser colonizado por un lector con actitud creativa, me dejé atrapar por éste y sin darme cuenta, junto a los zapatos quedaron la mochila y mis expectativas. En este camino me entretuve en esas “ataduras y vínculos” que el poeta deja plasmar en sus letras, en relación a los otros, a la cultura, a la percepción de la realidad, al momento histórico social que le toca vivir.

De esta manera entretejidos, con fantásticas imágenes y figuras literarias, los “vínculos con los sentires y emociones” de las autoras se revelaban tocándome el alma. Una muestra de ello:


“Hay una luna en pos de mi ventana,

insiste entrar hasta llegar al alma, 

ella quiere saber lo que está escondido 

son los quiebres que me dejan coja,

coja de respiro, coja de palabra…”


La comunión raigal a la tierra y su cultura y el amor en sus otras dimensiones, se enlazan unidos por el decir poético como dicen que, el mirador de Yanahuara une a sus emblemáticos volcanes en un solo abrazo. De allí la quinua (alimento ancestral), el lenguaje “loncco”, el quechua, hacen su aparición con orgullo.


“…Mamita Asunta, ‘ahura puena’

has ‘llaucau’ mi ‘quirca’ pena…”


al igual que el sentir de un Perú doliente en un momento histórico particular 

…Miles vertían lágrimas en el Perú

habían puesto luto en sus corazones


Extasiada por este viaje, seguí el recorrido al son de los rítmicos sonidos de los picapedreros del sillar ancestral, recreando en los textos esos “vínculos con un otro que sufre en un presente incierto”, con el eco de la voz del género que se manifiesta y expande 


 “…Mujer, el eco de tu voz transita y enriquece

vibra en la longitud y latitud de calladas esperanzas …”


Y con versos que abren su abanico de musicalidad con ritmo propio.

 “…Me sitúo en el meridiano sur

en la palabra tarde que se posa en los árboles

en el color crepúsculo que cae en picada…”


“…El carrusel del tiempo con sus giros

eclipsó ese beso de travieso despertar

ahora yace envejecido

pero todavía guarda su fragancia de clavel …”


La sensibilidad, el modo de pensar, sentir y hacer en el mundo de cada una de las autoras, esa línea de unión como creadoras de una producción literaria arequipeña de esta comunidad y el mundo del poema danzan jubilosos en espera del siguiente lector que tome la llave y abra las mil puertas de este universo propuesto. Los invito a que se zambullan en estas aguas para seguir descubriendo otros vínculos en un viaje de deleite lector y que se dejen atrapar en el fuego de sus volcanes que las hacen “únicas” y “parte” de este CEA.

Sonia Fabiola Demitrópulos

Cosquín-Córdoba-Argentina-27-4-2023




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Prólogo

Adentrarnos en este territorio de versos color Esmeralda, es dejarnos envolver en una bonita aventura con diferentes tonalidades. Tal como la piedra preciosa, la autora tiene la capacidad de atrapar la luz de la rica idiosincrasia costarricense y refractarla de diferentes maneras, dando a este conjunto de poemas una belleza particular acorde a la calidez y colorido de su tierra.

Esmeralda aborda con intensidad y apasionamiento, variados tópicos en los veinticuatro poemas que conforman la propuesta organizada alfabéticamente. En ella va develando vivencias, sentires, espacios territoriales y hábitat personal, con luces y sombras, desde el orgullo de una fuerte identidad local que no deja de sostener una mirada crítica de su entorno.

Como pincelada de esta intensidad y apasionamiento planteado, nos deja en estos versos, esa fuerza que nace de las entrañas, de una mujer conocedora de sus fortalezas y su individualidad, y que se reconoce completa en sí misma.


“…No soy llovizna de un día,

soy tormenta permanente.

Un tsunami o un volcán

Soy un óleo de emociones,

¡si me abrazas con el alma!


“…No tengo fecha de rige,

ni caducidad, soy el siempre,

¡un solo ser que trasciende!”



Logra también, matizar con imágenes y metáforas escenarios en donde las emociones y sensaciones nos impactan como lectores, y nos conectan con el sentir de la voz poética.

El amor aparece referenciado desde la ausencia, la pérdida, la pureza del amor maternal, desde su poder transformador y desde la elección misma de “no ser plural”. Ocupa gran parte del poemario ese amor hacia un otro que debe enfrentar barreras de una sociedad insensible y desde allí hace un llamado a la reflexión.

Otro aspecto a resaltar es la interacción que la autora mantiene con los lectores, situándonos a través de cuadros referenciales en el contexto que da origen al poema y/o enriqueciendo con aportaciones. Establece también, una conexión cómplice a través de insinuaciones de sutil doble sentido, al incursionar territorios de velado erotismo o al invitar a juegos en los que, su hacer de abogada con el de escritora, se funden y lo hacen parte del mismo. 

Las referencias directas o indirectas de aspectos del patrimonio cultural y natural de su país, tienen cierta intencionalidad didáctica que me hacen presuponer una necesidad de dejar plasmadas en papel, estas huellas de la cultura para las generaciones venideras.

Prologar este poemario representó una gran alegría, honor y responsabilidad, por la bonita amistad que mantengo con su autora y por haber visto nacer y madurar, algunos de estos poemas en este tiempo, en el que una pandemia nos impulsó a forjar fuertes lazos y vínculos de hermandad literaria latinoamericana.

Por lo explicitado y por todo aquello que, como lectores, irán descubriendo, dejo la invitación a recorrer las páginas de este poemario y a sumergirse en estos versos color Esmeralda. Seguramente llegarán al final del recorrido satisfechos y enriquecidos.


Sonia Fabiola Demitrópulos

13-3-2023






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Martha Fajardo, a quien admiro como escritora y agradezco este honor de prologar su libro “El Mundo que me atraviesa”, nos invita a recorrer un tejido imbricado, en el que va desovillando diversas historias de mujeres y poemas escritos en épocas de pandemia.

El libro está organizado en dos partes perfectamente diferenciadas.

En la primera se agrupan treinta y nueve relatos cortos que hacen referencia a segmentos de vidas de mujeres que enfrentan diversas vivencias, propias del existir. En ellas, los miedos, la soledad, el amor, el abandono y el desamor, entre otros, pincelan sus días, sus semanas y en algunos casos toda la vida o toda la muerte. Tengo que decir que la autora, es por esencia poeta, que su pensar va tejiendo poesía en la urdimbre de la vida cada minuto que la vive. Es por ello, que no es de extrañar, el encontrar antecediendo a los relatos, una danza de palabras estructuradas en versos que ayudan a develar o hilvanar contenido. Treinta y nueve historias te llevarán de la mano y te mantendrán atrapado entre sus líneas. 

En una segunda parte se despliega un abanico de poemas, en ellos, una voz apoyada en la riqueza de este universo poético va cronicando este periodo de pandemia en el que el predominio de grises roba protagonismo a los colores vivaces de otras épocas. 

Y es aquí donde el poema florece y se erige como espacio de encuentro y de dialogo con el lector. Es aquí donde el tiempo detenido en un marzo que se hizo eterno, dejó a los miedos, a la tristeza, a la rabia y a las soledades hamacándose dentro de fronteras de orfandad y ausencias. Es aquí también, donde el desencanto alzó su voz y desde algunos títulos instaló una explícita apelación “…Quédate en casa”, “No te acerques”. En otros poemas, reflexionó recurriendo a la fuerza del sujeto colectivo y nos dijo “…lloramos gimiendo a Dios, nos ampare y guarde nuestras familias…”, “…nosotros, frágiles humanos, nos quebramos como hojas cuando el temor nos habita …” Este desencantamiento, dio nacimiento, también, a una actitud de cambio, y es entonces, cuando la sensibilidad se transformó en fortaleza y en renovación de esperanza haciendo estallar las palabras.

 

“… Entonces, la poesía surge firme

plena de figuras explosivas,

y se toma licencias para poetizar a vida

con perfume a rosas,

jazmines y lilas

o con chicotazos de paja brava

renueva sus giros

rebelde u obscura,

bella y sensitiva,

juega en armonías, enamora, grita

llena espacios

de tantos, solitarios días…”

 

De esta manera, vemos como la construcción individual se transforma en colectiva, y como pasa de estar envuelta en metáforas de polaridad negativa, necesarias para transmitir la intensidad desbordante del momento, a “… puentes imaginarios hechos palabras …”  y a una relación perceptiva con el entorno que se abre a la esperanza y a la vida.

Todo esto en treinta y nueve poemas que invitan, retan y desafían.

Para concluir quiero comentarles que me encantó adentrarme a este universo propuesto y espejarme en él, es por eso que los invito a que no se queden en la puerta, que sigan el hilo que nos deja la autora para visitar “Este Mundo que la (me) atraviesa”.

Sonia Fabiola Demitrópulos

Cosquín-Córdoba-Argentina

7-4-2022



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