Relatos varios


Contención y Cobijo
Automáticamente empujé las inmensas puertas de madera y vidrio del Café y me desplacé entre las mesas- Había poca gente, pensé que era una suerte porque en ese momento no tenía ganas de cruzarme con alguna mirada a la que le tendría que devolver un gesto de camaradería, por el simple hecho de ser amable nada más, con un otro que quizás esté como yo necesitado de una mirada y una sonrisa que arranque una soledad infinita. Pero hoy no. No quiero. No podría responder a esa mirada sin que estas lágrimas rebeldes y revolucionarias se liberen en torrentes. Hoy no tengo poder sobre ellas.
Hoy volví al café, como cada mañana desde que estoy aquí, en esta inmensa ciudad de Buenos Aires, buscando seguridad, sentirme confortada y necesitando desesperadamente construir espacios familiares y conocidos. Voy sin querer, haciendo un ritual de estos momentos en complicidad con la taza humeante, los aromas del lugar y sus sonidos tan característicos. Estas paredes escucharon las palabras que rompían una relación y mi corazón. Estas paredes cobijaron mi abandono y desazón mientras veía desaparecer por la puerta la figura de quien, hasta ese momento, sería mi compañero de un proyecto de vida. Me quedé horas intentando acomodar mis pensamientos, recreando momentos, buscando respuestas. Inmóvil y en shock no podía desplazarme hacia la salida. Increíblemente sin conocer ni contactarme con la gente pude construir una sensación de compañía en tanto torbellino de emociones.  
Ese día llovía torrencialmente. Se desplomaba el cielo afuera como mi alma en silencio en este café. Mis pensamientos solo eran interrumpidos por los recambios de bebida.  El tiempo se había detenido conmigo y para mí, en este espacio que me permitió habitarlo por horas indefinidas. No tenía a nadie allí afuera. Ningún lugar donde ir. Desbastada y atontada solo permanecer era mi objetivo. Salir de aquí implicaba comenzar a caminar sin él. Salir de aquí implicaba entrar a transitar una realidad para la cual no me había preparado.
Había llegado del interior del país a encontrarme con quien creía sería el amor de toda mi vida, para iniciar una vida juntos, después de tantos planes construidos a través de comunicaciones personales y mediadas por la computadora y el celular. Con llamadas y video llamadas eternas pintamos un universo que me invitaba e incluía. El me hacía recorrer con su descripción cada lugar por los que nos desplazaríamos cuando me decidiera venir a Buenos Aires. Por fotos me familiarice con esa nueva vida que se prometía. Por lo que caminar en un recorrido rápido por el Monserrat, pisar la plaza de Mayo, testigo de tantos hechos y entrar en el Café Tortoni, con toda su historia, era parte de ese sueño que se concretaba. Inocente de mí.
Fascinada por el lugar me dejé arrastrar de la mano hasta la mesa,en donde apenas nos sentamos me dio la noticia. Sin dale tiempo al mozo a traer el pedido a borbotones sacó lo que lo mantuvo tan raro en el recorrido.  Lo nuestro no podría ser.  Las razones no las escuche, si las escuché no las entendí y si las entendí no quise registrarlas.  Entre tanta nebulosa me preguntaba porque esperó hasta que viniera. Sin escándalos, sin preguntas, sin reacción nos despedimos. Cuando llegó el mozo con el chocolate con churros pedido, yo estaba mortalmente herida, por lo que el calor fue poco a poco apapachándome y su sabor quitándome de la boca  la hiel de la mentira.

Hoy vengo nuevamente al café a acomodar mis ideas, a contener mis lágrimas, a recordar nuestros momentos, a no sentirme tan sola y a intercambiar algunas frases con el mozo para el cual poco a poco voy dejando de ser desconocida. Quizás hoy pueda encontrar fuerzas para imaginar alguna acción para mi futuro.  Sé que volverme a mi pueblo no es la opción. No puedo volver con tanto fracaso encima. Mientras tanto revuelvo el café humeante buscando fuerzas para seguir en la vida.
Sonia Fabiola Demitropulos
14/4/18



RETO 102 - ENCUENTRO INESPERADO
Encuentro cercano (Prosa)
En la quietud de la siesta serranas, el sonido de los coyuyos y el canto de algún hornero rompía el silencio. Todo estaba aletargado como su ánimo. Desparramada su humanidad en el cómodo sillón del patio, dormitaba de a ratos. Sus pensamientos se perdían en el recuerdo, en proyectos, en la nada. Así se encontraba en el divague hasta que un veloz movimiento de una sombra en los matorrales de la pasionaria que cubría el cerco cercano a la casa la sobresaltó. Fue solo un pantallazo que la puso alerta y la obligó a incorporarse en el sillón. A simple vista nada pasaba. Casi de inmediato volvió a su estado anterior. Le gustaba sentir el aire fresco de los árboles en su rostro que apaciguaba el ardiente calor en esa tarde de enero.
De todas formas, quedó pensando con los ojos entrecerrados en una explicación racional para esa sombra. Ensayo hipótesis y volvió a dormitar.
Esta vez el sonido estuvo más cerca, era como si alguien de pasos cortos se hubiera acercado a la carrera. No quería abrir los ojos, un escalofrió recorrió su cuerpo y lo dejó erizado. Curioso. Estaba sola en la casa. Los perros dormían a su lado. En el patio trasero solo estaba ella y su alma.
Permanecía con los ojos cerrados como si esto fuera a impedir que lo que la preocupaba se manifestara, de igual manera que se encerraba en el pensamiento mágico infantil que la llevaba a escapar de la realidad en estos últimos tiempos después que fuera abandonada.
En esta oportunidad sintió que la perra se incorporó, olfateó en la cercanía de la yusca y volvió a echarse.
A los pocos minutos sintió pasos que se alejaban con la misma rapidez con la que se habían desplazado con anterioridad. Y allí tomo coraje y abrió los ojos. Una figura pequeña agazapada, con un gran sombrero de felpa raída se perdió en la nada. La resolana no ayudaba.
Los perros dormidos. Todo en calma. Todo, menos sus pensamientos ensayando historias.
Sonia Fabiola Demitrópulos
3/2/18


Libro del destino
Al límite del tiempo, sabía que su vida expiraba como un suspiro, el último quizás. Cada segundo la llevaba a una nueva historia, trágica o feliz, todo dependía de lo escrito en el libro de su destino. A pesar de todo mantenía presente la frescura, la alegría y optimismo. Nadie imaginaba al mirarla cuan grande era la procesión que desde hace unos años llevaba. La vida no había sido justa con ella. El amor le fue esquivo. El fruto de su gran amor se le escurrió entre las manos antes de mecerlo en sus brazos. Desde siempre la soledad fue su constante compañía .
Nada de todo lo vivido minó su voluntad de lucha, tomó cada oportunidad como un escalón para crecer y es por eso que en esta espera por un donante confía en que todo lo vivido en este último tiempo quede en el recuerdo como otra experiencia más de vida y desea con toda el alma, que esta sea una nueva oportunidad de concretar su anhelo de felicidad.


La luz del día se iba escapando de ese amplio y aséptico cuarto de hospital en el que curiosamente ese día quedó sin compañía. Las camas vacías a su alrededor hacían más lúgubre su presente, pero ella con su fuerza inquebrantable decidió salir de esos pensamientos, encendió la luz, tomó el libro que estaba leyendo y entregó al Universo su destino. 

Mientras manejaba a toda velocidad, el llanto nublaba sus ojos, solo quería ser feliz junto a sus ser más amado, pero ella había decidido terminar la relación unos meses atrás. Él no podía aceptar esa decisión. Todo lo que estuvo a su alcance para reconquistarla lo hizo y hoy comprobó que todo había sido sin éxito. Esa tarde mientras imploraba por su relación, tuvo un instante de revelación al mirarla a los ojos, allí comprendió que la gran chispa de amor que los había unido se había extinguido en ella. La sintió tan distante y fué tan fuerte la percepción de su cansancio que ese segundo bastó para tomar la decisión de dejarla ir. La amaba más que nada en el mundo y no la quería infeliz. La miró por última vez, grabó su imagen y se despidió de todo lo que ella representaba en su vida.

El auto rodaba por la carretera, el paisaje cambiaba sin que se diera cuenta. No sé si fueron las lágrimas que empañaban sus ojos , sus pensamientos lejanos en el tiempo, la lluvia que caía torrencialmente, ese poste caído en la ruta o la confluencia de todos los factores que intervinieron en su vida que provocaron la oscuridad total.

Todos corrían en el hospital. Emergencia traía a los heridos. En ese mismo momento en el cuarto número 112 solicitaban desfibrilador. La vida pugnaba por escapar de esos cuerpos. Médicos y enfermeros en una danza sincrónica buscaban retenerla. Sin saber y sin querer por un segundo mezclaron las historias que se entrecruzaron en los pasillos. El libro del destino abría sus páginas para liberar sus escritos.

La calma volvió a ese espacio. La vida en algunos casos fue retenida. Ese día Nadia y Pablo cerraron el libro de sus ciclos.
7/8/15

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