Marqueza – Mi perra


Marqueza – Mi perra

Mis perros, Marqueza y Oso, son quienes acompañan mi recorrido en esta vida.  Silencioso es el contacto que tenemos. Con miradas y caricias. No sé por qué no les hablo más… Aunque eso, no impide que tengamos una hermosa comunicación.
Marqueza es muy inteligente sabe cómo llevarme. Aprendió en estos últimos años. No es invasiva, sabe esperar el momento en que la conexión se establezca. Silenciosa me mira fijamente, con insistencia, hasta que atrae mi atención. En esa mirada, veo impotencia y firmeza. Impotencia por no tener palabras para comunicarme todo lo que quisiera decir y firmeza para poder hacerse entender.
Todas las veces que regreso sale a mi encuentro con alegría. Apenas escucha el auto se levanta, corre a esperarme en la esquina, y allí iniciamos un ritual que aprendimos a sincronizar.  Ella, corre por la calzada tratando de llevar la velocidad del auto. Yo, trato de comunicarme y que nos divirtamos.  A veces creo que me invita a jugar una carrerita. Si aumento la velocidad, ella hace lo mismo. Si la mermo, la regula. Hubo oportunidades en que me fui a trabajar y me siguió varias cuadras con muy buen ritmo, hasta que comprueba que no habrá pronto retorno. Si sospecha que mi recorrido es por el barrio, no quepa ninguna duda, que en cualquier momento la tendré a mi lado acompañando el itinerario.
Cuando estaciono el auto espera que baje y se sienta para que le acaricie la cabeza. Últimamente se dejó influenciar por ese cachorro juguetón que es Oso y ahora salta mientras camino. Cosa que ella ya no hacía.
No es una perra de raza conocida, aunque su negro pelaje es brilloso, firme, con matices amarronados bien definidos y muy suave. Contrasta con el color trigo de Oso.
Al tener un tamaño mediano puede manejar su cuerpo para realizar saltos altos que la posicionan en el muro y de allí entrar y salir cuando le plazca. Es muy guardiana y le aburre estar dentro del patio. Por eso se ingenió para saltar el muro y quedarse recostada en él. Desde allí mira la vida pasar y parece que le contara a Oso lo que percibe. Aprendió a conectar el afuera con el adentro de manera equilibrada. Se distribuye entre ambos. Pero ella tiene bien definido su territorio y sabe que es este.
Cuando llegó Oso, ella había perdido a su hermana. Pasó por mucha tristeza, estuvo varios días arrinconada y con pesar en la mirada. Este pequeño manojo de pelos fue sacándola de ese estado.  Al principio parecía que le fastidiaba, pero luego desarrolló un instinto maternal que lo cobijó y le prodigó sus enseñanzas. ¡Fabulosas por cierto! Ya que no tengo pozos en el patio, no me rompen las plantas,  tienen lugares para depositar sus excrementos. Muy poco tuve que hacer para enseñar.
A medida que fue creciendo Oso, fueron regulando su dominio territorial y a pesar que este la supera en tamaño, tiene bien definido que es ella la que lleva la voz de mando. Hoy son excelentes compañeros entre ellos y también lo son conmigo.
Sonia Fabiola Demitrópulos
23/9/18

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