Calma espera
Anochece
en el “cielo muriente de Huidobro”
mientras un gato
aduerme su existir en la medianera del vecino.
La luna se hace ovillito y se dispone
a acurrucarse en los brazos de la noche,
y los grillos afinan sus alas
preparando una nueva canción de amor,
una sinfonía.
Anochece,
con la suavidad de las caricias del novel amante,
con el goce deslizado entre sedas de amores fugitivos,
como si la noche sacara con cuidado su corazón
guardado en cajita de nácar en el río,
entre las piedras
para brindarlo en ofrenda a los niños..
Anochece
y los árboles hamacan los silencios de sus hojas
entre las sierras que escoltan los sueños de su pueblo,
un pincel tiñe el lienzo del paisaje,
y una toma capta la magia del presente.
Anochece
y yo,
prisionera adormilada de mi destino,
utópica conquistadora de mi horizonte,
espero por vos junto a este susurrador río.
Sonia Fabiola Demitrópulos
Cosquín -Córdoba-Argentina
14-4-2023
El célebre océano
Vicente Huidobro
El mar decía a sus olas Creéis que oye nuestras voces Mirad el cielo muriente y las virutas del mar El océano ha crecido de algunas olas Esto se debe a su inclinación natural El mar ríe y bate la cola Vicente García-Huidobro Fernández,(1893-1948) más conocido como Vicente Huidobro, fue un poeta chileno. Iniciador y exponente del creacionismo, es considerado uno de los cuatro grandes de la poesía chilena —junto con Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha—. Wikipedia Fragmento De una Conferencia que brindó en Madrid el poeta chileno Vicente Huidobro en 1921: “Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica, que es la única que nos interesa. Uno es el lenguaje objetivo que sirve para nombrar las cosas del mundo sin sacarlas fuera de su calidad de inventario; el otro rompe esa norma convencional y en él las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada. En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta. La poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador, la palabra recién nacida. Ella se desarrolla en el alba primera del mundo. Su precisión no consiste en denominar las cosas, sino en no alejarse del alba. Su vocabulario es infinito porque ella no cree en la certeza de todas sus posibles combinaciones. Y su rol es convertir las probabilidades en certeza. Su valor está marcado por la distancia que va de lo que vemos a lo que imaginamos. Para ella no hay pasado ni futuro. El poeta crea fuera del mundo que existe el que debiera existir. Yo tengo derecho a querer ver una flor que anda o un rebaño de ovejas atravesando el arco iris, y el que quiera negarme este derecho o limitar el campo de mis visiones debe ser considerado un simple inepto. El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la Naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos eléctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos, y todo ese mundo estalla en fantasmas inesperados. Arte poética’, de Vicente Huidobro (1893 – 1948) Que el verso sea como una llave Que abra mil puertas. Una hoja cae; algo pasa volando; Cuanto miren los ojos creado sea, Y el alma del oyente quede temblando. Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; El adjetivo, cuando no da vida, mata, Estamos en el ciclo de los nervios, El músculo cuelga, Como recuerdo, en los museos; Mas no por eso tenemos menos fuerza: El vigor verdadero Reside en la cabeza. Por qué catáis la rosa, ¡oh, Poetas! Hacedla florecer en el poema; Sólo para nosotros Viven todas las cosas bajo el Sol. El Poeta es un pequeño Dios.
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