TENGO UN PROBLEMA CON LAS ARAÑAS
Las arañas son enormes, feas, peludas y ojosas. Con patas larguísimas. Son los únicos animales del Universo a los que les tengo miedo. Miedo y respeto.
Las veo, con impotencia, hamacarse sin vergüenza en la esquina de mi pieza. Y aunque mi madre hace denodados esfuerzos por erradicarlas, ellas están allí siempre presente. Solo me falta la neblina y una bruja para que el escenario del terror quede montado.
Deben ser sordas. Porque cuando les hablo me ignoran. Puedo pasarme largas horas rogándoles que se vayan. Y ellas, siguen en su tarea sin inmutarse.
Si alguna turbulencia entra a la habitación y logra sacarlas de sus tejidos, caen como paracaidistas. Y allí me descubro con el corazón estrujado ante su inminente final. Pero no. Casi llegando al piso logran quedar suspendidas en el aire. ¡En cierta medida, … sus hazañas … me van conquistando!
_ Uhh! ¿Eso salió de mi boca? - seguro que se arrebolaron mis mejillas con esta confesión!
Un día, al parecer, a una se le cortó la red y cayó con maestría sobre el rutilante estetoscopio de mi padre. No pude con mi curiosidad. Me acerqué y escudriñé detrás de la puerta. Me preguntaba como haría para volver a su esquina, con sus compañeras. Era improbable que pudiera hacerlo sola. Yo … de ninguna manera la ayudaría… porque como dije anteriormente … ¡Les tenía miedo!... y bueno, ahora, también curiosidad.
Ensimismada estaba en mis pensamientos, cuando vi a mi madre acercarse revoleando al aire un trapo todo deshilachado. Y si … sin mucho preámbulo … tal como lo imaginan, lo asentó sobre la arañita. Ésta quedó patas para arriba en el suelo.
¡Uno de mis temores se había acabado! Aunque las brumas de la culpa me sobrecogieron. Le había tomado cariño.
Con gran desolación me fui a la cama a tratar de buscar una acción ecuánime que les compensara, en parte, la perdida a las otras arañitas.

Sonia Fabiola Demitrópulos
13/10/17

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