Cementerio y sensaciones

Hoy , como acompañante de un ser querido que necesitaba enfrentar el contacto con la muerte en su máxima expresión, visité un cementerio . Ser acompañante a veces tiene algunas ventaja, como en este caso que al no estar el lugar vinculado a mis afectos,  pude realizar un recorrido  con tiempo , con expectativas y con calma, pude apreciar el arte funerario presente, la distintivas características de la arquitectura del lugar, las curiosidades que nos reflejan como seres humanos, aún cuando no permanezcamos ya en el plano terrenal.
Era un mediodía soleado de sierras cordobesas. La luminosidad y quietud solo interrumpida por el sonido de los pájaros que rompían el silencio habitual . No hubo impacto al ingreso al cementerio, tampoco  movilización al recorrer el lugar y mirar a veces a través de los vidrios, tampoco hubo relación  con la reciente partida de mi madre, que gracias a Dios tuvo el tino de disponer que se la creme.
Si hubo sensaciones . Abandono fue una de ellas. La presencia de numerosos nichos , bóvedas, tumbas y sepulcros delataban la ausencia de visitas y atención de sus familiares.Telas de arañas, flores marchitas en sus envoltorios o recipientes, vidrios rotos eran una constante que daban cuenta de la finitud de las cosas y de la vida. El lugar se mostraba abandonado, tan abandonado  que parecía que hasta sus muertos lo habían abandonado.
Esto somos al final de la vida, solo un pasado en un presente de quietud.

No había indicios de vida humana presente en la actualidad, por suerte para los temores siempre a flor de piel frente la muerte! Pero si había vestigios de silenciosa vida,  alfombras de verde cesped silenciaban  nuestros pasos,  lirios florecidos coloreaban el paisaje y enredaderas que entretejían mudas historias se desplazaban cubriendo los paredones.
Quietud , silencio, abandono y paradójicamente  tambien vida.
Otras sensaciones comenzaron a surgir .Seguridad, curiosidad, certeza  comenzaron a acompañar la recorrida iniciada como  respuesta a una tácita invitación,  inferida de la confortable  luminosidad que inundaba el lugar y  sus reflejos en la piedra y el cemento. Seguridad al ir adaptándome al ambiente, curiosidad por querer comprobar si cambiaba mi primera impresión y  certeza de confirmar que no es el  lugar elegido para mi descanso final.
No elijo esta quietud. Quiero ser energía y acción con mis cenizas al viento, energía y libertad entremezclándome con los elementos y  energía y bienestar en el recuerdo de mis afectos.


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